¿Cómo hablar con un adolescente sobre el consumo de drogas?

¿Cómo hablar con un adolescente sobre el consumo de drogas?

El consumo de alcohol y otras sustancias está cada vez más normalizado entre los adolescentes en los últimos años. Si no están bien informados y no conocen las consecuencias de consumir, corren un riesgo mayor de tomarlas. Por ello, consideramos que la familia y la escuela son los medios más adecuados para educar y, como herramienta indispensable de apoyo, el servicio psicológico que ayude a los padres a saber tratar este tipo de temas con sus hijos. Si se trata de un problema más importante hay que buscar la ayuda de un profesional. Los profesionales sanitarios ayudarán a determinar las pautas a seguir.

 

En el inicio de la adolescencia, las drogas o comportamientos adictivos pueden aparecer de manera habitual en las conversaciones de chicos y chicas, a pesar de que el consumo sea todavía minoritario. A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias y huyendo del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de chicos y chicas.

 

Al mismo tiempo, es importante intentar no frivolizar el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo, razonable y directo, que sea útil y efectivo para alertar de los riesgos de las drogas. La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

 

¿Cuándo debemos empezar a hablar sobre drogas?

 

Se debe comenzar desde las primeras edades a hablar sobre drogas. La información dependerá de la edad del niño y del grado de madurez y se hará de forma continua. En los niños más pequeños bastará con respuestas sencillas y claras a sus preguntas. Por ejemplo: “el alcohol y las drogas son perjudiciales para tu salud”.

 

A partir de los 11 años existe riesgo de consumo y por ello, habría que abordar el tema con más profundidad. Si mostramos que estamos dispuestos a hablar del tema y a escuchar lo que ellos tengan que decir, es posible que acudan a nosotros por ayuda en el futuro.

 

Es importante aprovechar circunstancias cotidianas para hablar sobre alcohol o drogas: noticias de la televisión o consumo de alcohol, tabaco o drogas por parte de alguien. Ofrecer una respuesta a sus preguntas. Evitar que la busque en otras fuentes no seguras (amigos o internet). Para ello deben estar informados: conocer las sustancias y sus consecuencias dando información positiva y hablando de las ventajas de no consumir.

 

Las tareas en este sentido deben ser: establecer límites de conducta claros en todos los aspectos de la convivencia, pero sobre todo en los horarios de salida cuando el adolescente empieza a salir con amigos (razonables pero firmes), promover la sobriedad en el uso del dinero, fomentar actividades de ocio saludables y, si es posible, compartir aficiones con el hijo (jugar al futbol, al ajedrez, escuchar música,…).Además, reforzar las conductas positivas y reprochar las negativas pero sin descalificaciones personales, darle  autonomía y responsabilidad poco a poco.

 

En muchas ocasiones, el grupo de amigos determina mucho el uso o abuso de sustancias por parte del adolescente. En este sentido, habría que promover la filosofía de resistir la presión de amigos. Que sepa decir  “no” cuando el grupo de amigos le ofrece consumir y no dejarse llevar por lo que hagan los demás, haciendo siempre lo que más le convenga. Hay que respetar a los amigos de nuestros hijos pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos aprendiendo a evitar las malas influencias y compañías.

 

En el caso de que ocurra algún capítulo desagradable en casa por tema de abuso de drogas, como por ejemplo, la primera borrachera, es mejor dejar pasar el momento de mayor alteración, angustia, rabia o enfado; buscando un momento tranquilo y relajado donde poder conversar con el adolescente. Una vez dispongamos de ese momento,  lo primero es conocer las razones que lo han llevado a tomarlas, y averiguar de qué tipo de consumo se trata. Si ha sido sólo un hecho puntual hay que tratar de no dramatizar. El que haya probado drogas es un hecho  habitual  en adolescentes, no significa que sea un adicto. El haber tenido una experiencia con las drogas puede ser positiva si saben sacan conclusiones negativas de la misma.

 

Una tarea importante es fomentar las actitudes reflexivas y prudentes. Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos mientras que los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

 

Hay que esforzarse por entender qué es lo que les pasa a los adolescentes y ponernos en su lugar, descubrir qué es lo que piensan y qué sienten, establecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno, pero, al mismo tiempo, saber ser  flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores.

 

Hay que evitar interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya, es mucho mejor pedirles su opinión. Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad.

 

Procuremos evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles, escuchar, preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones. Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables, valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

 

Es imposible estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas y tampoco inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

 

La comunicación ha de estar siempre abierta, pero hemos de entender que difícilmente nuestro hijo nos explicará todo lo que le pasa. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente. A menudo esto es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo ha consumido o consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él, en el momento adecuado, para conocer las razones que le han llevado hasta allí, y de qué tipo de consumo se trata, si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

 

 

 

 


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