Redes Sociales: cómo influyen en los trastornos de la conducta alimentaria

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia y la bulimia, se caracterizan por una alteración en la ingesta de alimentos  y una excesiva preocupación por el control de peso.

 

Actualmente, estas problemáticas están presentes en el 9.5% de la población, concentrándose un gran porcentaje en mujeres de 15 a 25 años. Estas personas se caracterizan por tener una autoestima débil y una personalidad muy influenciable, además de la sintomatología común de estos trastornos como son los síntomas depresivos y ansiosos.

 

Asimismo, numerosos estudios confirman que el internet y las redes sociales han sido partícipes del incremento tan significativo de estos trastornos en los últimos años.

 

Si navegamos por las redes en busca de información sobre ambas patologías, nos aparece una multitud de páginas web que animan y fomentan estos dos problemas incitando a la realización de las conductas características de estas alteraciones como son la restricción de alimentos, los vómitos, el ejercicio excesivo y el uso de laxantes. Es alarmante como en estas webs utilizan un vocabulario para endulzar y minimizar los efectos negativos que transmiten los nombres en sí de Anorexia y Bulimia, intercambiándolos por Ana y Mía respectivamente.

 

Por otra parte, las redes sociales son un espacio público donde te puedes exponer sin control ni filtros. Éstas se han vuelto una herramienta imprescindible para que los adolescentes con anorexia o bulimia puedan rearfirmar sus hábitos. Hoy en día, todavía sigue existiendo una parte de la sociedad que atribuye los éxitos de la vida a la imagen estética más que a valores morales o éticos que hagan de la sociedad un lugar mejor. Esta perspectiva exigente y distorsionada de la belleza se encuentra muy presente en las redes sociales más populares, estando al alcance de cualquiera, facilitando así el desarrollo y mantenimiento de estas patologías ya que los adolescentes más vulnerables percibirán como refuerzo positivo parecerse o superar ese canon.

 

En conclusión, los profesionales recomendamos a los padres tener una comunicación efectiva con sus hijos para informar sobre los aspectos negativos del internet y las redes sociales, así como dotar de herramientas para poder actuar de manera positiva ante un riesgo. Además, incentivar y fomentar las campañas preventivas relacionadas con estas patologías en el sistema educativo.

 

 

 

¿Qué hago si mi hijo no quiere ir al colegio?

La negativa de los niños a ir al colegio suele estar basada en un miedo irracional, que suele aparecer primera vez en niños que asisten a escuelas infantiles de edad preescolar, siendo más frecuente en los que cursan el segundo grado. Para manifestar su disgusto por asistir al colegio, el niño suele quejarse de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de la hora de partir hacia la escuela.

 

Su estado mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente antes de ir al colegio de nuevo. En algunos casos, el niño puede negarse por completo a salir de la casa y para eso utilizará todas las estrategias a su alcance como llorar y reaccionar con una rabieta.

 

Si el niño tiene igualmente dificultades para ir a otros sitios y quedarse sin sus padres, entonces el problema podría no estar en la escuela. Si el pequeño no quiere ir a la escuela pero también llora para quedarse en casa de la abuela, o en casa de un amiguito o en un cumpleaños que son lugares donde habitualmente los niños disfrutan y la pasan genial, entonces puede que sea más bien un niño inseguro y temeroso.

 

Conversar con otras madres siempre es bueno para saber si todos los niños se sienten a gusto en el cole y si hay una situación notoria que los esté afectando a todos o a un grupo de ellos. Si el pequeño se ha negado a decir lo que sucede, por esta vía podrás tener un poco más de información y saber si algo le ha pasado.

 

Los niños con un miedo irracional hacia la escuela pueden sentirse inseguros si se quedan solos en una habitación. También pueden demostrar un comportamiento de apego hacia sus padres e incluso convertirse en su sombra, siguiéndoles a todas partes. Estos miedos son comunes en niños que padecen el llamado ‘desorden de ansiedad’.

 

El niño puede desarrollar serios problemas escolares y sociales, si deja de ir a la escuela o ver a sus amigos por mucho tiempo. Antes de que eso pueda ocurrir, los padres pueden ayudar a su hijo llevándolo a un psicólogo infantil, quien trabajará con él para que vuelva de inmediato a la escuela y realice otras actividades diarias.

 

Algunos niños requieren un tratamiento extensivo para determinar las causas del miedo. Los niños mayores o los adolescentes, que se niegan a ir a la escuela, requieren un tratamiento aún más intensivo. En cualquier caso, el miedo irracional de abandonar la casa y la compañía paterna o materna se puede tratar con éxito.

 

No lo subestimes, imagina lo que significa estar 6 u 8 horas seguidas en un sitio donde por la razón que sea lo pasas mal. Ahora imagina eso día tras día. Si el niño no quiere ir a la escuela y se tiene la seguridad o tan solo sospechas que allí no está a gusto, lo mejor es buscar ayuda de un psicólogo que lo pueda a ayudar bien se a fortalecerse y tener las herramientas para defenderse o para que te permita saber qué es lo que realmente sucede.

 

En Personaliza podemos ayudarte a manejar la fobia escolar de tu hijo. Nuestro tratamiento incluye diferentes técnicas de relajación, técnicas cognitivas y de modificación de conducta cuya eficacia ha sido ampliamente demostrada para el tratamiento de las fobias, entre ellas se encuentran: las técnicas de exposición, modelación, la práctica reforzada y el abordaje cognitivo de las creencias irracionales. Y por supuesto, también trabajamos con las causas emocionales que pueden estar detrás del origen del miedo a ir la escuela.

 

No obstante, como los padres desempeñan un papel importante en el manejo de este problema, también te brindaremos orientación y te indicaremos cuáles son los pasos a seguir para que no contribuyas a prolongar el absentismo.

 

 

 

Período Vacacional: ¿cómo influye en nuestro estado emocional?

En la sociedad actual, las personas están rodeadas de obligaciones y responsabilidades. Tanto en el ámbito laboral como personal, sienten la necesidad de demostrar de forma continua la valía, proactividad, eficiencia, capacidad resolutiva y toma de decisiones, sin verse afectado el alto rendimiento y producción, así como actualizarse, renovarse y hacer frente a las dificultades del día a día.

 

Todo ello produce un alto nivel de estrés, utilizado en un principio como estrategia de afrontamiento que te incita a estar activo. Sin embargo, pasada una temporada, este nivel de estrés se vuelve negativo, reduciendo el estado de ánimo, motivación y rendimiento.

 

Por este motivo, todos necesitamos períodos de descanso donde recuperar un estado saludable tanto físico como emocional y con este fin aparecen las vacaciones.

 

Las vacaciones son un período de tiempo que relacionamos con descanso, desconexión y ocio dónde se suelen cambiar los hábitos, salir de la rutina y realizar actividades placenteras para las que antes no se encontraba tiempo.

 

El período estival estimula nuestro bienestar emocional por varias razones. En primer lugar, alejarnos de las preocupaciones nos ayuda a relajarnos, consiguiendo así un descenso del nivel de cortisol (hormona del estrés).

 

Asimismo, el desbloqueo mental, es decir, no estar constantemente concentrado y atento en una misma rutina, favorece la creatividad, juicio y toma de decisiones. En este sentido, se impulsa la búsqueda de nuevos desafíos y nos atrevemos con actividades novedosas.

 

Además, el descanso incita la liberación de endorfinas como la serotonina y la dopamina que son las encargadas del sistema de recompensa. Esta estimulación reduce de forma natural, el nivel de ansiedad y pensamientos negativos.

 

En conclusión, muchos estudios aportan que las vacaciones tienen un gran poder terapéutico para las personas que saben disfrutar de ellas de forma saludable, sin olvidarse de optimar la vuelta a la rutina con una adaptación gradual.

 

 

Los beneficios infantiles de las rutinas

¿Tienen tus hijos unas rutinas establecidas? ¿Te has preguntado cómo benefician las rutinas en los niños? Sigue leyendo.

 

En primer lugar, ¿qué es una rutina? Son aquellas actividades y horarios que repetimos a diario, sistemática y regularmente. Por ejemplo, levantarnos para ir al colegio o al trabajo.

 

 

¿Qué vamos a generar con las rutinas?

Vamos a conseguir, realizando diferentes tareas a diario y en el mismo horario, crear un hábito, por ejemplo: “todas las tardes, a las 16:30 tienes que hacer los deberes del colegio”, si por rutina siempre lo ha hecho así, no hará falta que le digas, cuando llegan las 16:30 que se ponga a hacer su tarea, el niño lo hará por sí mismo porque se ha convertido en un hábito.

 

Desde que son bebés adquirimos ciertas rutinas con los niños. Un ejemplo de rutina con los bebés es la hora del baño, por lo general suele ser a la misma hora y con el fin de luego acostar al niño y que descanse mejor. Por lo que, desde que nacen debemos inculcar las rutinas a los niños, ¿pero qué tipos de rutinas?

 

  • Tener un horario para dormir: es importante que los niños duerman bien para que el día siguiente puedan rendir bien.

 

  • Rutinas de higiene: lavarse los dientes, lavarse las manos, llevar la ropa sucia al cesto de la ropa, recoger sus juguetes, etc.

 

  • Horario de estudio: establecer un horario para la realización de las tareas académicas y estudios.

 

  • Tiempo en familia: realizar con los niños actividades divertidas, establecer una rutina de lectura conjunta, para fomentar el interés de los niños por la lectura. El tiempo en familia es importante para el desarrollo social y emocional.

 

  • Limitar el horario tecnológico: limitar y establecer rutinas de cuándo se puede ver la televisión o jugar con las consolas.

 

 

¿Qué beneficios presentan las rutinas?

  • Favorecen la cooperación: los niños con rutinas claramente establecidas, colaboran más con las tareas cotidianas y protestan menos. Además, favorece el clima familiar al haber menos discusiones con los niños.

 

  • Reducen los niveles de ansiedad: al saber qué tienen que hacer en todo momento sienten un mayor control de la situación.

 

  • Fomentan la autonomía y el conocimiento de sí mismos, se vuelven más responsables.

 

  • Potencian la organización y orden mental y les servirá para la vida adulta, aprendiendo a planificar en base a metas y objetivos.

 

  • Favorecen la integración al ámbito escolar.

 

  • Potencian un mejor entendimiento las normas y les permite realizar las tareas sin dejarlas a medias.

 

  • Permiten focalizar la atención en tareas determinadas y específicas.

 

 

 

Evaluación psicopedagógica completa, ¿vaguería o dificultad?

¿Te has preguntado más de una vez por qué es tan vago tu hijo? ¿Te has planteado que pueda tener dificultades que le impidan realizar correctamente sus tareas escolares? ¿Puede que ambos factores estén influyendo? ¿Cómo puedo saberlo o diferenciarlo?

 

Estoy convencida que, si tienes hijos, te has hecho estas preguntas alguna vez. Por suerte, estas preguntas pueden responderse. Y si lo que tu hijo presenta son dificultades, se pueden detectar.

 

No todos los niños son vagos, algunos, al presentar dificultades a la hora de realizar sus tareas escolares, pueden parecerlo, pero realmente, la problemática que presentan es bien diferente. Podemos ver en los niños ciertos indicios que nos indiquen que éstos no son vagos si no que muestran dificultades psicopedagógicas. Veamos varios casos:

 

  • Dificultades de atención y concentración: son niños que se pasan horas delante del libro pero que avanzan poco en sus quehaceres, o no les da tiempo a realizar todas las tareas. Son niños despistados, que se quedan mirando a “la nada” cada poco tiempo. Como consecuencia de ello, sus resultados académicos se ven afectados.

 

  • Dificultades en la lectoescritura: niños que, para entender un texto, necesitan leer varias veces el mismo, e incluso, pueden no llegar a entenderlo en su totalidad. También, pueden mostrar un enlentecimiento a la hora de leer, cambiar algunas palabras por otras parecidas o completamente diferentes. A la hora de escribir, tienen numerosas faltas de ortografía (b/v; h, m/n), omiten sílabas o letras (camalón/camaleón) o invierten el orden de las letras (tardar/tardra, tradar).

 

  • Problemas de pronunciación: no emiten bien diferentes fonemas (t, r/rr, n, p) y trabadas (pr, tr, br, etc.) El último fonema en adquirirse, es la r, por lo que no se considera significativa si el niño es menor de 7 años, para el resto de fonemas y trabadas, por lo general no sólo presentan dificultades en una de ellas si no en varias.

 

No obstante, esto son sólo indicios de que algo está pasando y no un diagnóstico. Entonces, ¿cómo podemos saber si realmente tienen dificultades psicopedagógicas? La respuesta es clara: realizando una evaluación psicopedagógica completa. Y, ahora me diréis, y eso ¿en qué consiste? Bien, en una evaluación psicopedagógica se evalúan tanto aspectos cognitivos como emocionales mediante una batería de test, que no solo se administran al niño si no a los padres y en la mayoría de casos a los tutores de la escuela. Algunos de los aspectos que se evalúan son:

 

  • Inteligencia.
  • Lectoescritura.
  • Atención.
  • Comprensión lectora.
  • Ansiedad.
  • Comportamiento en clase.
  • Relaciones sociales.

 

Si te sientes identificado, no dudes en solicitar una evaluación psicopedagógica.

 

 

 

El verano no frena las dificultades psicológicas: ¡Aprovecha el verano y pon solución!

Cuando llega el verano, todos, tanto niños como adolescentes y como adultos, nos ponemos a pensar qué haremos en las vacaciones… planificamos al detalle cada segundo de nuestro ansiado y merecido descanso, dónde iremos, con quién, qué haremos, etc. Pero, habitualmente no nos paramos a pensar en nuestra salud y mucho menos en nuestra salud mental, en esta época, la salud queda relegada a un segundo plano, no nos ponemos malos y si es así intentamos aguantar el tipo o vamos a la farmacia a por un remedio milagroso, pero nada de médicos porque no vamos a permitir que nada nos va a fastidiar nuestras vacaciones.

Es importante cuidarnos sea la época del año que sea, y, además, el verano nos aporta múltiples beneficios a la hora de acudir a terapia y de cuidar nuestra salud mental.

 

En el caso de los niños y los adolescentes, es la época en la que se encuentran más desahogados con los exámenes y las tareas académicas, por lo que acudir al psicólogo les va a resultar menos costoso en cuanto a tiempo y esfuerzo que el resto del año. Además, el buen tiempo les anima a salir de casa, evitando la pereza de los días lluviosos del invierno. También es bueno que acudan en verano a trabajar sus dificultades psicológicas, porque desde la terapia se les va a ayudar a superarlas y a que aprendan a generalizarlas al resto de situaciones, no sólo en el ámbito familiar si no también en el escolar. Les ayuda a ir preparados a la escuela, y el acudir a un centro de manera rutinaria, les va a ayudar a asimilar con mayor facilidad la vuelta al colegio. En el caso de los niños que presentan dificultades más relacionadas con el ámbito académico, les va a ayudar a empezar el curso con “el pie derecho” ya que aprenden a pedir ayuda y a identificar en qué situaciones muestran mayor dificultad.

 

En los adultos, la situación no es muy distinta. Es cierto que nuestras vacaciones son más cortas que las de los más pequeños de la casa, pero también es cierto que el buen tiempo nos anima más a salir, igual que a los niños. Trabajar nuestras dificultades, también durante el verano, nos va a ayudar a afrontar las diversas situaciones y problemáticas que nos surgen y que por el momento no sabemos cómo afrontar. En el verano, nuestros problemas, por norma general no desaparecen, y en algunos casos, incluso pueden verse agravados por tener una cantidad de tiempo libre mayor. Al tener más tiempo libre, también tenemos más tiempo para pensar en nuestros problemas, y si no les encontramos solución nos van a entristecer y agobiar más, acudiendo al psicólogo, vas a encontrar a una persona que te va a ayudar a afrontar las diferentes situaciones por las que estás pasando y a encontrarte mejor contigo y con el mundo.

En cambio, si decidimos relegar el inicio de las sesiones psicológicas, o dejar el tratamiento durante el verano, encontramos inconvenientes como el empeoramiento de los síntomas, recaídas y retrocesos en lo avanzado durante el resto del año.

 

Si te ves con dificultades psicológicas, no lo dudes, acude al psicólogo sea primavera, verano, otoño o invierno, te lo agradecerás.

 

 

 

El Bullying y sus implicaciones en el rendimiento escolar

Bullying, también conocido como acoso escolar, es el maltrato físico y/o psicológico producido entre alumnos de forma reiterada durante un período de tiempo. Este fenómeno está formado por un agresor, sus “discípulos” (alumnos que observan  y animan al mismo) y el agredido. Actualmente, hay un alto porcentaje de estudiantes que se encuentran en esta situación, superando el 9% y siendo más predominante en las chicas.

 

Los estudios actuales demuestran una relación significativa entre bullying y rendimiento escolar, afirmando que tanto las víctimas como los agresores reflejan un rendimiento más bajo a lo esperado según sus capacidades.

 

Con respecto al “alumno víctima”, sufre un descenso drástico de su autoestima, crisis de ansiedad y episodios depresivos, llegando en casos extremos al suicidio. Asimismo, se ve perjudicada su integración escolar y social ya que sus habilidades sociales se encuentran deterioradas, destacando en su repertorio la intromisión, introversión y aislamiento social. En relación a los factores cognitivos que influyen en el rendimiento escolar, tienen alterada la memoria, la capacidad atencional y de concentración junto a la mayoría de capacidades cognitivas porque la vivencia continua de ataques hace que utilice su energía para defenderse de los mismos. En la mayoría de los casos, las víctimas terminan perdiendo el interés por el estudio, desencadenando en fracaso y abandono escolar.

 

Por otra parte, el rol de agresor también desarrolla efectos negativos. Unos de los más destacables son la autoestima deteriorada y la baja motivación escolar. Además, mantienen una actitud violenta y autoritaria dentro de clase ya que es la única forma de relacionarse con la que se sienten seguro, siendo la antesala de conductas delictivas.

 

En conclusión, el bullying es un fenómeno potente que deteriora el ámbito personal, social y académico de todos los participantes. Para la desaparición de esta problemática, se necesita prevención e intervención inmediata sin poner en duda ninguna sospecha, así como una participación activa del profesorado, las familias involucradas y la sociedad en sí.

 

 

 

¿Cómo hablar con un adolescente sobre el consumo de drogas?

El consumo de alcohol y otras sustancias está cada vez más normalizado entre los adolescentes en los últimos años. Si no están bien informados y no conocen las consecuencias de consumir, corren un riesgo mayor de tomarlas. Por ello, consideramos que la familia y la escuela son los medios más adecuados para educar y, como herramienta indispensable de apoyo, el servicio psicológico que ayude a los padres a saber tratar este tipo de temas con sus hijos. Si se trata de un problema más importante hay que buscar la ayuda de un profesional. Los profesionales sanitarios ayudarán a determinar las pautas a seguir.

 

En el inicio de la adolescencia, las drogas o comportamientos adictivos pueden aparecer de manera habitual en las conversaciones de chicos y chicas, a pesar de que el consumo sea todavía minoritario. A menudo se trata de una manera de demostrar que se ha dejado atrás la infancia. Hay que hablar de drogas en casa, de manera franca, evitando crear situaciones dramáticas innecesarias y huyendo del tono catastrofista que acostumbra a reforzar las convicciones de chicos y chicas.

 

Al mismo tiempo, es importante intentar no frivolizar el tema. Lo más importante es encontrar un tono sencillo, razonable y directo, que sea útil y efectivo para alertar de los riesgos de las drogas. La mejor manera es tener un conocimiento real de las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y demostrarlo con el ejemplo personal.

 

¿Cuándo debemos empezar a hablar sobre drogas?

 

Se debe comenzar desde las primeras edades a hablar sobre drogas. La información dependerá de la edad del niño y del grado de madurez y se hará de forma continua. En los niños más pequeños bastará con respuestas sencillas y claras a sus preguntas. Por ejemplo: “el alcohol y las drogas son perjudiciales para tu salud”.

 

A partir de los 11 años existe riesgo de consumo y por ello, habría que abordar el tema con más profundidad. Si mostramos que estamos dispuestos a hablar del tema y a escuchar lo que ellos tengan que decir, es posible que acudan a nosotros por ayuda en el futuro.

 

Es importante aprovechar circunstancias cotidianas para hablar sobre alcohol o drogas: noticias de la televisión o consumo de alcohol, tabaco o drogas por parte de alguien. Ofrecer una respuesta a sus preguntas. Evitar que la busque en otras fuentes no seguras (amigos o internet). Para ello deben estar informados: conocer las sustancias y sus consecuencias dando información positiva y hablando de las ventajas de no consumir.

 

Las tareas en este sentido deben ser: establecer límites de conducta claros en todos los aspectos de la convivencia, pero sobre todo en los horarios de salida cuando el adolescente empieza a salir con amigos (razonables pero firmes), promover la sobriedad en el uso del dinero, fomentar actividades de ocio saludables y, si es posible, compartir aficiones con el hijo (jugar al futbol, al ajedrez, escuchar música,…).Además, reforzar las conductas positivas y reprochar las negativas pero sin descalificaciones personales, darle  autonomía y responsabilidad poco a poco.

 

En muchas ocasiones, el grupo de amigos determina mucho el uso o abuso de sustancias por parte del adolescente. En este sentido, habría que promover la filosofía de resistir la presión de amigos. Que sepa decir  “no” cuando el grupo de amigos le ofrece consumir y no dejarse llevar por lo que hagan los demás, haciendo siempre lo que más le convenga. Hay que respetar a los amigos de nuestros hijos pero al mismo tiempo combatir las actitudes que les impiden ser ellos mismos aprendiendo a evitar las malas influencias y compañías.

 

En el caso de que ocurra algún capítulo desagradable en casa por tema de abuso de drogas, como por ejemplo, la primera borrachera, es mejor dejar pasar el momento de mayor alteración, angustia, rabia o enfado; buscando un momento tranquilo y relajado donde poder conversar con el adolescente. Una vez dispongamos de ese momento,  lo primero es conocer las razones que lo han llevado a tomarlas, y averiguar de qué tipo de consumo se trata. Si ha sido sólo un hecho puntual hay que tratar de no dramatizar. El que haya probado drogas es un hecho  habitual  en adolescentes, no significa que sea un adicto. El haber tenido una experiencia con las drogas puede ser positiva si saben sacan conclusiones negativas de la misma.

 

Una tarea importante es fomentar las actitudes reflexivas y prudentes. Desde una lógica adolescente, las sensaciones y los placeres buscados son inmediatos mientras que los daños se perciben siempre lejanos e improbables. Los adolescentes no tienen la percepción del riesgo ni la madurez suficiente como para ver el peligro.

 

Hay que esforzarse por entender qué es lo que les pasa a los adolescentes y ponernos en su lugar, descubrir qué es lo que piensan y qué sienten, establecer unas normas que les ayuden a conseguir un orden interno, pero, al mismo tiempo, saber ser  flexibles y sacar partido de la negociación como herramienta de aprendizaje y de construcción de valores.

 

Hay que evitar interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya, es mucho mejor pedirles su opinión. Evitemos discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad.

 

Procuremos evitar las actitudes autoritarias y condenatorias. Hemos de aprender a observar los pequeños detalles, escuchar, preguntar de otra manera, dejando caer información, ideas y opiniones. Ser exigentes con nuestros hijos. Confiar en ellos pero, al mismo tiempo, pedirles que sean responsables, valorar sus aciertos y sus errores, sin presionarles ni criticarles de forma tajante.

 

Es imposible estar siempre encima de ellos y sobreprotegerlos pensando que no son capaces de entender y actuar en situaciones complejas y tampoco inhibirnos de su vida por completo. Y todo sin dejar de respetar su intimidad: tienen derecho a ello, y además necesidad.

 

La comunicación ha de estar siempre abierta, pero hemos de entender que difícilmente nuestro hijo nos explicará todo lo que le pasa. Tampoco nosotros lo hacemos. Seamos coherentes. Nuestras palabras pierden mucho valor para nuestros hijos si no van acompañadas de una conducta coherente. A menudo esto es más importante que los consejos y recomendaciones. Si a pesar de todo, sospechamos que nuestro hijo ha consumido o consume drogas, lo primero que debemos hacer es hablar con él, en el momento adecuado, para conocer las razones que le han llevado hasta allí, y de qué tipo de consumo se trata, si ha sido sólo un hecho puntual y cómo valora los riesgos que comporta su actuación.

 

 

 

 

Beneficios de las Escuelas de Padres.

Las Escuelas de Padres es un espacio educativo donde un profesional de la psicología imparte un curso-coloquio para dar información y apoyo psicosocial y pedagógico con el fin de dotar a las familias de recursos relacionados con la educación de sus hijos. Asimismo, es un lugar donde compartir con otras familias las experiencias vividas, ideas, problemas y herramientas posibles.

 

Esta iniciativa tiene grandes beneficios tanto para los padres e hijos como para el profesorado. En primer lugar, el aprendizaje de los padres repercutirá positivamente en el conocimiento del entorno físico-emocional, social y pedagógico en el que se están desarrollando sus hijos, entendiendo la etapa evolutiva de los mismos y saber actuar ante diversas situaciones. Como resultado, este conocimiento traslada seguridad y confianza a sus hijos, mejorando las relaciones filio-parentales. Además, este clima estimula la autoestima positiva en los estudiantes.

 

En segundo lugar, la participación en la Escuela de Padres puede ser utilizada como campaña preventiva en los problemas más destacados en la época escolar como pueden ser el bullying o el consumo de drogas. El trabajo con los padres es el punto de partida ya que serán capaces de trasladar ideas correctas a sus hijos, reduciéndose así el porcentaje de estas problemáticas.

 

Por otra parte, este espacio fomenta la relación activa entre colegio y familia. El establecimiento de vínculos entre el equipo de profesorado y los padres es beneficioso para todas las partes. Los profesores podrán conocer las dificultades a las que se enfrentan los progenitores a la hora de realizar las tareas escolares en casa; los padres sabrán qué están trabajando sus hijos para así fortalecer y reforzar las competencias o aprendizajes adquiridos. Los principales beneficiarios serán los alumnos ya que se verán mejoras en sus resultados, aumentado así su autoeficacia y autoestima.

 

Por último, destacar que la adquisición de conocimientos y herramientas disminuye la incomodidad de la incertidumbre, mejorando así la propia confianza, autoestima y seguridad de los padres a la hora de enfrentarse al día a día. Además, al ser un espacio compartido con otros padres hace que no se sientan solos e incomprendidos, teniendo un lugar de desahogo y apoyo, libre de juicios.